Y todo el día en la estación central…esperando a que llegue el último tren. Diviso al hombre que recoge la basura de las vías, y pienso que es un trabajo un poco triste, sin embargo el hombre sonríe y piropea a las viajeras que pasan cerca.
Sé que ya no hay nieve en Saint Moritz, es verano, y el calor es agobiante. Una mujer se abanica efusivamente, cada vez que el abanico golpea con su collar de cuentas, el sonido de la madera crea una melodía agónica.
Me llamas y me alegras el momento. Te imagino en la playa tirada en una toalla con tu bikini rosa, y me fabrico un recuerdo perfecto. No dices nada interesante ¿y eso que más da? Cuando cuelgo me doy cuenta de que se me ha olvidado decirte que enfríes el vino blanco, probablemente tengamos que celebrar algo.
En ese momento mi cabeza nota un nuevo azote…quizá anoche me pasé un poco con la bebida, creo que voy a pasarme al Vodka.
En el diario del hombre que hay a mi lado, aparecen sólo malas noticias, así que miro para otro lado. Quizá no es la mejor solución para ver lo que no quiero ver, pero es la que ahora me funciona.
Una mañana en la estación central la vida sigue, no para. Y yo no quiero perderme nada.
Yo también podría haber escrito “Nocilla Experience”…sin ninguna duda.
Estoy muy bien…me faltas tú…